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sábado, 30 de julio de 2016

El seguro (vcmr)

Guau, esta vez mi solicitud de palabras para el reto Vuestras consignas, mi relato ha tenido un éxito abrumador en facebook. He recibido palabras de Katty Le Fay (anillo, alacena y teléfono móvil), D.C. López (astronauta, sirena, desierto), Judith Ruiz (lluvia, despertador), María Cabal (mar, estrella, luna) y Valeria (cuaderno, sueño, aire). Imposible hacer un relato corto (o dos) con todas ellas, así que he decidido coger las dos primeras de cada uno en grupos de cuatro y las que sobren en otros relatos, de modo que tendré que hacer:
¡Tengo mucho trabajo por delante! De momento, os dejo con el primer relato, con las palabras anillo, alacena, astronauta y sirena.

El seguro
Cogió el anillo que descansaba sobre la alacena. Le costó ponérselo, porque tenía los dedos hinchados, pero no quería marcharse sin él. Luego se dirigió a la cocina, donde encendió el fuego y preparó todo para que pareciera que el incendio había sido accidental, no fuera que sus descendientes no cobraran el seguro por el descuido.
Había tenido una buena vida: una esposa maravillosa, un excitante trabajo y un montón de amigos. Ahora, su esposa y sus amigos habían muerto, a nadie le interesaba su carrera como astronauta porque viajar al espacio era habitual y sus descendientes se veían endeudados porque se habían empeñado en pedir préstamos astronómicos para pagarse unos estudios que al final no les dieron trabajo. Lo único que podía hacer para ayudarles era cobrar ese estúpido seguro de accidentes, cuyo montante cubriría toda la deuda: para ello, solo tenía que morir sin que pareciera un suicidio o una causa natural, y no se le había ocurrido otra cosa más eficaz que quemar la casa con él dentro para que así cobraran también el seguro del hogar.
Sonó la sirena para alertar del incendio, pero vivía demasiado lejos de cualquier parque de bomberos, así que estaba tranquilo. El fuego en sí tampoco le preocupaba: moriría por intoxicación de humos antes siquiera de que pudiera alcanzarle. Así pues, con un suspiro, apagó su sonotone para no tener que escuchar el molesto ruidito y se sentó en su sillón favorito, dispuesto a disfrutar del espectáculo.
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 Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
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martes, 26 de julio de 2016

¿Me regalas un par de palabras?


Acabada la narración de mi aventura escocesa (ahí van todas las entradas: Días 1 y 2, Días 3 y 4, Días 5 y 6 y Días 7 y 8), que espero que os haya gustado, toca volver a narraciones inventadas. Así que tenemos una nueva entrega del reto Vuestras consignas, mi relato.
Reto vuestras consignas mi relato
Ya sabéis cómo va... Necesito tres consignas, cualquier palabra, que me daréis vosotros por comentario (por aquí, por facebook... lo mismo da).
Podéis dar hasta dos consignas por persona.
Se elegirán las tres primeras que se digan. Puede que más, si me encajan. Y si se diera el extraño caso de que hubiera muchas palabras, haría dos relatos en vez de uno.
Se tendrán en cuenta sugerencias respecto a los nombres de personajes, pero eso dependerá del relato en cuestión (no es obligatorio).
A partir de todo eso, haré un microrrelato de no más de una página de word.
 
Así que... ¿qué palabras proponéis?  El resultado del anterior reto fue Asuntos pendientes.
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sábado, 23 de julio de 2016

Crónica de mi maravilloso viaje a Escocia: días 7 y 8

Como recordaréis, en la crónica anterior me quedé en cuando llegamos a Glasgow y solo os anticipé que era una ciudad fea y sin encanto que estuvo poblada de millonarios porque era punto de comercio con Nueva York. No podéis siquiera imaginar la decepción de ese primer paseo: era una ciudad con edificios normaluchos, tiendas que se ven en cualquier país (franquicias, vamos) y repleta de borrachos (eran las 9 pasadas, lo que para ellos es el equivalente a las 2 de la mañana, os podéis imaginar cómo iba el personal), así que, desolada, volví al hotel Premier Inn Charing Cross para descansar antes del día 7.
La cama era buena (menos mal, porque después de lo del Kings Arms, alias "Batcueva", lo necesitaba) y el desayuno estaba bien, así que me metí en el autobús con energía, esperando que la panorámica de Glasgow redujera un poquito mi decepción. Nos llevaron a los dos únicos edificios de interés de la ciudad: el hospital y la catedral, que están juntos. Al fondo, la necrópolis, que me hubiera gustado visitar, pero no pudo ser. Nos hablaron de esos edificios y de los milagros de san Mungo y todo fue interesante, pero ni eso ni el resto de lo que vimos fue suficiente como para que mi sensación de que odiaba esa ciudad decreciera.
Viaje a escocia: día 7
Glasgow: calle principal, y Glasgow: la única zona interesante
Por suerte, no pasamos allí todo el día, sino que fuimos a Stirling y visitamos el castillo. Esa sí que fue una visita genial: lo que nos contaron en relación al castillo y su historia era fascinante, había toros peludos (Heilan Coo) escoceses pastando cerca, estaba muy bien ambientado (incluso había gente disfrazada de época para darle más realismo) y tenía un montón de sitios de interés que ver cuando nos dieron tiempo libre, incluyendo las vistas al monumento a William Wallace, el salón del trono, donde podías sentarte; las cocinas, mucho mejores que las de Eilean Donan; el cuarto de la pólvora... Vamos, que esta visita me encantó.
Viaje a escocia: día 7
Castillo de Stirling con Heilan Coo pastando (sup izq), cañón con vistas al monumento a William Wallace (inf izq) e interiores del castillo (der)
Luego nos montamos en el autobús y nos dirigimos al parque Nacional de los Trossachs, camino del cual vimos el castillo de Los caballeros de la mesa cuadrada, más conocido como el castillo de Invernalia en Juego de Tronos. De camino nos fueron contando varias cosas interesantes, como la historia de Bob Roy. Ya en el parque nos dejaron en el lago Katrine que tanto inspiró a sir Walter Scott y dimos un paseo, aunque se me olvidó hacer mi ofrenda a las hadas.
Viaje a escocia: día 7
Lago Katrine en el Parque Nacional de los Trossach
Acabada la visita, volvimos de nuevo a Glasgow. Ya he dicho que no me gusta Glasgow. Hubiera sido mejor hacer el viaje de vuelta a Edimburgo ese día, haber dormido allí, y así habríamos disfrutado de esa preciosa ciudad en vez de quedarnos en una que no tiene nada de interés, por no hablar de que no habríamos tenido que pasar tantas horas en el aeropuerto al día siguiente (ya entraré en eso más adelante).
Pero bueno, el programa decía Glasgow y llegamos a la hora de comer. Tuvieron la buena idea de dejarnos en el museo Kelvingrove. Otro museo genial, interactivo y caótico que tiene una figura de Elvis al lado de esculturas de corte clásico, al lado de animales disecados, al lado de una sala histórica, al lado del Cristo de san Juan de la Cruz de Dalí, donde además puedes comer escuchando la música de un órgano en directo. Me encanta. Visité la parte dedicada a los Vikingos y a arte Egipcio, entre otras muchas salas interesantes.
Viaje a escocia: día 7
Museo Kelvingrove y una foto no especialmente fea de la fea Glasgow
Debí haberme quedado en ese museo hasta el cierre, pero por desgracia me fui antes con la intención de hacer algunas compras. De libros. Grandísimo error. En todas las tiendas (de souvenirs, o de cualquier cosa) de todos los lugares que había visitado en los seis días anteriores había muchos libros sobre historia de Escocia. Muchos se repetían constantemente y al mismo precio, así que cometí la estupidez de pensar: "No voy a comprarlo ya para no ir cargada: me espero a Glasgow y lo compro allí". Un error gravísimo porque en Glasgow las tiendas de souvenirs solo venden souvenirs y no hay ni una puñetera librería, aunque di vueltas para encontrarla. Dice mucho de una ciudad que sea una odisea encontrar una librería, ¿no os parece? Otro motivo más para odiar Glasgow: solo encontré, en una tienda de souvenirs supercutre, algunos libros finitos de los clanes rebajadísimos porque el tipo no había debido de vender casi ninguno: quería dos, pero solo tenían el de MacDonald. De los otros que quería, ni rastro en ningún sitio. Prolongué mi búsqueda hasta las 6, momento en que ya cerraba todo y no tenía sentido seguir buscando (aunque encontrara la famosa librería, estaría cerrado) y, como no había nada que hacer porque ya había visto todo lo que había que ver, me fui al hotel y me puse a leer hasta la hora de dormir. Tenía los pies hinchados, con ampollas y hechos polvo: por Edimburgo o por cualquier otro sitio de interés me hubiera aguantado y habría seguido caminando, pero por Glasgow no merecía la pena el sufrimiento.
Al día siguiente, a las 9 de la mañana, nos metimos en el autobús directos al aeropuerto de Edimburgo. Llegamos a las 10 y poco y nos hicieron quedarnos allí a nosotros también, a pesar de que nuestro vuelo salía casi a las 2 de la tarde y podríamos haber ido a Edimburgo aunque fuera una horita (lo cual habría sido suficiente para despedirnos de la ciudad... y hacer las compras que no pude hacer en Glasgow). Pero "no querían arriesgarse", así que nos tocó tragar en el aeropuerto, donde afortunadamente había uno de los libros que no pude comprar en la maldita ciudad de Glasgow, Scotland, History of a nation. El resto del tiempo lo pasé leyendo o hablando con el resto de compañeros de viaje que tuvieron la desgracia de contratar los vuelos a Madrid con Politours. Por supuesto, el avión salió con retraso, lo que nos generó muchísima tensión porque apenas teníamos tiempo para hacer el enlace. Pero, como el otro avión también iba con retraso y, gracias a algún milagro, no tuvimos que pasar otra vez por aduanas, nos dio tiempo a aburrirnos en el aeropuerto de Londres, donde acabé picando y comprando How to be a Victorian, que no tiene nada que ver con Escocia pero que me pareció interesante. Y para rematar, en el vuelo de Londres a Madrid no me dieron de comer, aunque supuestamente la comida estaba incluida.
Al final, llegué a Madrid a las 9 de la noche pasadas, lo cual significa que pasé 11 horas (un día entero de mi vida) entre aviones y aeropuertos, cuando existían cómodos vuelos directos que salían a las 12 y con los que hubiera llegado a casa a eso de las 5 de la tarde. Y desde el aeropuerto a mi casa hay un largo trecho, así que hasta las 11 y pico no pude descansar tranquila. Moraleja: nunca aceptar un vuelo con enlaces existiendo vuelos directos. Aunque te lo intente imponer la mayorista y te digan que saldrá horriblemente caro. Ahorrarse once horas de desesperación en un aeropuerto bien vale 100€ más de gasto en el billete. Y al final tampoco es tanta diferencia, porque lo que gastas de más en el billete te lo ahorras en no tener que pagar el doble de tasas aéreas.
Pero bueno, acabada la narración, hagamos balance del viaje:
  1. Lo mejor: Edimburgo, el lago Ness y Urquart, Eilean Donnan (por fuera) y el castillo de Stirling.
  2. Lo peor: los aeropuertos, el hotel Kings Arms de Skye y Glasgow.
  3. Total gastado entre tours, aviones y hoteles con suplemento individual: 2060€
  4. Total gastado en comer, los tres libros, el adaptador, la falda y el marcapáginas: 54 libras.
  5. Lecciones que he aprendido: no contratar vuelos con enlace si hay vuelos directos, no dejar las compras para la última ciudad por no ir cargada.
Información práctica que os puede resultar útil si queréis viajar a Escocia:
  1. Creo que esto es bien conocido por todos: conducen por la izquierda. Así que, para cruzar la calle, hay que mirar al revés. Además, los semáforos para peatones duran apenas 5 segundos y tardan un montón en ponerse en verde. Vamos, que hay que ir con cuidado si no queréis que os atropellen.
  2. Usan enchufes de tres clavijas, así que... mejor llevar un adaptador.
  3. Nada mejor para comer barato y bien que los meal deal de los supermercados.
  4. Todo cierra muy pronto. Tres o cuatro horas antes de lo que estamos acostumbrados. Así que preparaos para visitar museos antes de las 5, tiendas antes de las 6 (solo las concurridas, las otras a las 5 cierran), sitios para cenar antes de las 9...
  5. La mayoría de los museos son gratis, aunque puedes (y deberías) hacer donaciones para ayudar a su mantenimento.
  6. Hay infinidad de tiendas de segunda mano, casi todas solidarias, donde podéis encontrar cosas de mayor calidad y a mejor precio que en las tiendas de regalos.
  7. En algunos baños públicos hay que pagar 30 peniques simbólicos para ayudar al mantenimiento de las instalaciones y para caridad, pero muchos de ellos son gratuitos y están bien indicados con flechas, así que es fácil llegar a ellos.
  8. Si quieres comprar libros, hazlo en cualquier sitio menos en Glasgow.
  9. La acampada es libre en Escocia si te atienes a ciertas normas básicas. Así que, si os gusta (yo no acampo ni loca: soy de hoteles buenos con baño en la habitación y un buen colchón), es una opción barata.
  10. El tiempo está loco pero, si vais en verano, con llevar camisetas de manga larga, algo que sea fácil de quitar y poner (sudaderas...) y un chubasquero es más que suficiente. Además, el sol pega un montón cuando sale, así que os recomiendo llevar protección solar (no es broma, me quemé). También recomendaría llevar repelente de mosquitos si vais a una zona con agua y hay previsión de tiempo soleado.
  11. En Escocia acuñan moneda propia, lo cual es interesante, pero luego puede haber algunas dificultades para volver a cambiar a euros aunque sus libras son de curso legal.
  12. El agua de todo el país es rica, así que no hay necesidad de comprar botellas de agua mineral.
  13. Si queréis probar el haggis no lo podéis tener más fácil: a veces lo ponen hasta para desayunar. También tienen un frito de patata muy rico y os prevengo de que lo fríen todo: hasta las barritas de chocolate Mars.
Por supuesto, tengo clarísimo que volveré a Escocia, a Edimburgo, con un vuelo directo y ya por mi cuenta. Puede que contrate también alguno de los tours interesantes de Viajar por Escocia cuando haga esos viajes de regreso, dependerá del presupuesto.
Pensándolo en frío, me he dejado un ojo de la cara, porque es un viaje muy caro, pero merece la pena: ha sido una experiencia maravillosa y fascinante, que os recomiendo a todos, a pesar de los vuelos, del horrible hotel de Skye y de la fea Glasgow, cosas que, sabiéndolas, os podéis saltar fácilmente. Y, escrito esto, doy por finalizada la crónica, que ya son unas cuantas palabras y más horas de las que quiero contar rememorando y escribiendo sin parar. Espero que os haya gustado y que hayáis encontrado estas entradas útiles e interesantes ^^.
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jueves, 21 de julio de 2016

Crónica de mi maravilloso viaje a Escocia: días 5 y 6

Días 1 y 2
Días 3 y 4
El día 5 salimos pronto de Inverness para visitar la isla de Skye, que es la más grande de las islas escocesas. De camino, paramos en el precioso castillo de Eilean Donan. Este castillo estaba en ruinas y se remodeló gracias al matrimonio del propietario con una millonaria. Por supuesto, el interior (estrechísimo y bastante agobiante e incómodo) lo remodelaron al gusto de la época, lo que hace que no sea tan interesante, así que tampoco me importó demasiado que no se pudieran tomar fotos porque los dueños siguen viviendo ahí. Había recuerdos familiares por doquier (lo que hacía que te sintieras como si estuvieras invadiendo la intimidad de esa gente, aunque ellos te hayan abierto las puertas) y pocas cosas de verdadero interés, salvo la recreación de las cocinas, que molaba un montón, así que me quedo con el castillo por fuera y os diría que el interior no es para nada imprescindible.
Viaje a Escocia día 5
Castillo de Eilean Donan desde fuera y vistas desde arriba
Ya sí que sí nos fuimos a Skye, una isla con grandes paisajes, y comimos en Portree, un pueblecito costero muy lindo. Como para ir con el bocata había tiempo de sobra, nuestro guía me recomendó que subiera a una colina. De camino me metí en un mercadillo solidario y compré un marcapáginas pintado a mano, tras lo cual busqué el acceso de subida. Acabé en un sendero estrechísimo y plagado de obstáculos que daba la vuelta a la colina pero no subía más allá de la mitad. Cuando ya comenzaba a desesperarme (y a agotarme) encontré una carretera asfaltada que llevaba a la cima (yo soy así...) pero, como ya había visto más o menos todo (desde la mitad, no desde arriba, pero no íbamos a ponernos tiquismiquis) y me faltaba explorar el pueblo, decidí dejarlo pasar. Fui a la otra punta del puerto y luego me di una vueltecita por las calles antes de volver al autobús a varios puntos de interés paisajístico.
Viaje a Escocia día 5
Vistas desde la famosa mitad de la colina y Portree desde otro punto
La primera parada fue junto a una cascada para que apreciáramos la roca de Old Man of Store, asociada a una leyenda sobre gigantes. Espero que sepáis apreciar la foto porque tuve que saltar unas cuantas rocas y meterme en medio del barro para hacerla ^^. Después paramos en otro acantilado un poco más adelante que también tenía unas vistas dignas de ver. Por suerte no había viento, porque no se puede pasar si lo hay (por motivos obvios).
Viaje a Escocia día 5
Cascada desde donde tiré la foto a Old Man of Store, las famosas rocas y vistas desde acantilado
Viaje a Escocia día 5
La cascada que da al mar y Kilt rocks
Finalmente, fuimos a ver los acantilados de Kilt rock y la famosa cascada que da al mar. En esa parada también había un cartel en el que se explicaba que se habían encontrado huellas de dinosaurio en esos parajes.
Tras esta parada, nos dirigimos a lo que, junto con los aviones, fue lo peor del viaje: el hotel Kings Arms. ¿O debería decir la Batcueva? Lo digo, más que nada, porque había MURCIÉLAGOS EN EL PASILLO. Y en la escalera de incendios. Y en algunas habitaciones (afortunadamente, no en la mía). Eso por no hablar de que me pusieron en una habitación individual cuando yo había pagado suplemento por una doble y me tocó dormir en una cama diminuta a la que no debían de haber cambiado el colchón en la vida y que me dejó con un horrible dolor de espalda. Además, el extractor del baño hacía un ruido espantoso y tardaba más de media hora en apagarse, así que tenía que hacerlo todo a oscuras para no tener que soportarlo. Algunos huéspedes al menos tenían el consuelo de unas buenas vistas, pero mi habitación daba al aparcamiento. Aparte, el wifi iba peor que a pedales, la cena se retrasó más de una hora y, para colmo de males, desde mi habitación se oía claramente al acordeonista que estaba tocando en directo en el bar. Para el que no lo sepa, el acordeón es el único instrumento musical que no soporto. Así que os podéis imaginar qué noche más maravillosa pasé. Una pesadilla que se extendió a la hora de desayunar, donde pasó algo parecido a la cena, añadiéndosele, además, que la variedad era inexistente y que no había nada interesante que llevarse a la boca. Nunca, NUNCA, vayáis a ese hotel. En Escocia hay acampada libre. Seguro que estáis más cómodos durmiendo en un saco de dormir en medio del monte que en ese tugurio.
En definitiva, estuve más que contenta de abandonar ese horrible lugar, aunque, como comprenderéis, después de dormir en esa mierda de colchón, meterme en el autobús fue un suplicio para mi espalda. Pero bueno, lo pasado, pasado estaba, tampoco iba a dejar que tan horrible experiencia me amargara el viaje. Fuimos en ferry al área de Glenfinnan y tampoco me mareé, lo cual es un logro para mí: ni un mareíto en todo el viaje (bueno, en uno de los aterrizajes de avión, pero paró antes de que llegara lo peor). Luego nos llevaron al famoso viaducto del tren a Hogwarts de Harry Potter y al monumento en homenaje a la revolución de los Estuardo.
Viaje a Escocia día 6
Viaducto del tren y las vistas del monumento cuando girabas 180º
La comida fue en Fort William, ciudad bonita e interesante. Después de darme una vueltecita, me fui a un bonito parque para sentarme en un banco y algunos de los del tour, que estaban en el banco de al lado (no les había visto), me hicieron señas para que me uniera a ellos, así que comimos juntos. Luego fuimos a varias charities de camino al autobús, que puso camino a Glasgow por las más agrestes zonas de las Highlands. Paramos un rato en Luss, un precioso pueblo a orillas del lago Lomond, antes de continuar el camino.
Viaje a Escocia día 6
Fort William, las Highlands y una iglesia de Lomond
Llegamos muy pronto a Glasgow y me dio tiempo a pasear por el centro y a tirar unas cuantas fotos, pero dejo dichas fotos y mis impresiones sobre la ciudad para la crónica siguiente: solo anticiparé que me pareció una ciudad fea y sin encanto (para los fiesteros a lo mejor, pero lo que es para mí...), tanto más en contraste con toda la belleza que habíamos visto a lo largo de todo el viaje.
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martes, 19 de julio de 2016

Crónica de mi maravilloso viaje a Escocia: días 3 y 4

Días 1 y 2: Edimburgo
El día 3 madrugamos un poquito para salir pronto. Yo me había llevado el libro con la idea de matar las horas de autobús, pero no hizo falta, porque nuestro guía, Raúl, no paró de hablar y de contarnos una fascinante mezcla de historia, historias y datos curiosos de todo tipo a lo largo de todo el viaje. También había llevado un arsenal de biodraminas, pero nuestra conductora, Rosi, lo hacía tan bien que no me sentí mareada ni una vez ^^. Además, el hilo musical del bus, con canciones escocesas y relacionadas con los sitios a los que íbamos, estaba muy bien elegido. Vamos, que no leí ni una línea en todo el viaje, salvo en Glasgow, pero ya entraré en eso cuando toque.
Primero fuimos al pueblo de Queensferry y fotografiar el puente Forth Bridge, que en su momento fue el mayor de Europa. Ahora hay otro puente al lado y están creando otro más, pero esos dos no tenían mayor interés.
Viaje a Escocia: día 3
Forth Bridge y algunos monumentos de St. Andrews
Después de la parada fotográfica, nos dirigimos a St. Andrews, donde está el famoso campo de golf, una playa y, lo que me interesaba a mí, la sede de la universidad más antigua de Escocia. También tiene una catedral y un castillo hechos polvo pero con mucha historia, aunque lo bonito es la universidad en sí y las residencias. En el ratito que nos dieron libre para visitarlo prácticamente me lo recorrí entero y hasta llegué antes de tiempo al autobús.
Luego comenzamos a adentrarnos en las preciosas Highlands y comimos en Dunkeld. Nuevamente, llevar bocadillo fue un acierto, porque pude disfrutar de mi comida con unas vistas estupendas de la catedral desde un caminito interesante que encontré. Luego me di una vueltecita, llegué al río, volví al inicio, escalé una colina y finalmente volví al autobús.
Viaje a Escocia: día 3
Catedral de Dunkeld y bosque del Hermitage
Cuando llegó todo el mundo, fuimos al bosque del Hermitage, que, increíblemente, es fruto de la mano del hombre, si bien es cierto que saberlo no le quita ni un ápice de encanto. La sala de juegos de los niños (lo creó un tipo con demasiada pasta como regalo para sus hijos) era una pasada, y la cascada a la que daba era espectacular.
Seguimos en el autobús hasta hacer una breve parada en Pitlochry, otro pueblo precioso con casas de cuento, tras lo cual nos dirigimos a Inverness, trayecto en el cual pudimos apreciar el paisaje de las zonas altas de las Highlands, que nunca imaginé tan... desolado. Fijaos en la foto: apenas hay vegetación (había zonas donde no había ni un mísero árbol), solo turba. Estar ahí, tan cerca, es espectacular.
Viaje a Escocia: día 3
Pitlochry y vista de las Highlands
Finalmente, llegamos a Inverness a eso de las siete, así que no fui a visitar la ciudad y me relajé un rato en mi habitación del Jurys Inn antes de bajar a la cena, que se servía a las 8 y estaba incluida. Tanto el hotel como la cena estaban aceptables, así que me fui a dormir de lo más satisfecha.
Al día siguiente visitamos Fort George a primera hora. Es una fortificación impresionante y, lo más sorprendente de todo, ¡sigue siendo un cuartel militar operativo! Tiene unas vistas preciosas y algunas zonas acondicionadas para que viéramos cómo eran las cosas hace unos siglos. Hubiera sido perfecto si hubiéramos podido ver los delfines y las focas, pero era marea baja y no hubo suerte.
Viaje a Escocia: día 4
Vistas de Fort George
Viaje a Escocia: día 4
Destilería
La siguiente parada fue la destilería de Tomatin en Speyside, donde nos contaron cómo se hace el whisky. Que no digo que no sea interesante pero... me sobró un poquito. Había una cata al final, pero a mí no me va el alcohol, así que lo dejé pasar.
Comimos en Inverness, donde pregunté a nuestro guía dónde podía encontrar una falda de tartán barata. Él me recomendó que la buscara en alguna de las múltiples charitys, que son, básicamente, tiendas de segunda mano pertenecientes a ong's cuyos beneficios van a las causas que promueven. Escocia está plagada y es una iniciativa que deberíamos copiar aquí. Uno de los del grupo me dijo que había comprado su falda (en ese momento, tres hombres del grupo ya se habían atrevido a comprar y llevar puesto un kilt) por 20 libras, siendo mi tope 25, así que me puse a buscar como una loca. Visité cuatro charitys en los que encontré nada remotamente parecido al tartán y, cuando ya iba hacia el autobús, pasé por otro que ¡tenía un montón! Dos eran de mi talla, y finalmente me decanté por una falda de tartán rojo preciosa que me costó 9,50 libras. Vamos, ¡que todavía me sobraba algo del presupuesto que tenía reservado para chuminadas!
Después de comer nos dirigimos al lago Ness, en el trayecto hacia el cual nos hablaron de la leyenda de Nessie y de explicaciones científicas razonables para la gran cantidad de avistamientos de sombras extrañas y bichos raros (como que haya un canal de comunicación con el Mar del Norte). Me sorprendió mucho la oscuridad y tranquilidad de sus aguas, no me extraña que la gente crea ver cosas raras ahí. También me llamó la atención las pocas "cutreces" turísticas relacionadas con Nessie que encontré. Salvo una especie de estatua bastante elegante y un sitio relacionado con Nessina que hay un poco más allá para turistas japoneses (Nessie está hermanado con Gozilla), han logrado mantener la dignidad del lago y explotan lo verdaderamente importante: lo espectacular de su paisaje. Si eso fuera España, ya habrían montado un parque de atracciones y alguna barbaridad más, así que es de agradecer que los escoceses no se vendan y no crean que para atraer turistas todo vale. Esto se ve en todas las zonas, no solo en el lago Ness: no hay anuncios en las carreteras que estropeen el paisaje, se da más importancia a la belleza de un lugar y a su historia que a convertirlo en una absurda atracción... y, generalmente, cuando se pueden aprovechar (como, por ejemplo, con el tema de los baños públicos) si no es gratis, los fondos van a caridad o a mantenimiento de las instalaciones.
Viaje a Escocia: día 4
Lago Ness y castillo de Urquart
 Pero bueno, volvamos al lago Ness. Cogimos el ferry en dirección a las ruinas del castillo de Urquart. A pesar de que estaba cayendo una buena (tanto de frío como de agua) me mantuve en la parte de arriba todo el tiempo, porque el trayecto era demasiado bonito como para verlo desde una ventana. Además, para hacerlo más ameno había un audio en inglés (todo está en inglés sin traducción a otros idiomas, se ve que piensan que todo el mundo debe conocer su lengua... por suerte yo sí que la entiendo ^^) en el que contaban muchas cosas interesantes del lago.
El castillo está en ruinas, pero tiene muchísimo encanto. De hecho, puedes subir a lo más alto (es muy estrecho y hay mucha gente, eso sí, lo cual complica un poco las cosas) y disfrutar de grandes vistas. También hay algunas cosas que se mantienen más o menos intactas. Además, hay muchos carteles explicativos en los que te hablan de la vida en el castillo, de qué corresponde a cada cosa... Una vez acabas la exploración sobre el terreno, si subes a la zona de la cafetería, tienen una especie de exposición interesantísima sobre la gente que vivía en los castillos, sus oficios... Yendo de camino hacia allí, por cierto, hay una catapulta con la que lanzaban cadáveres de leprosos dentro del castillo para que se contagiaran y se pudiera tomar con más facilidad. Y entonces salió el sol y pudimos disfrutar de un precioso arcoiris sobre el lago Ness y el castillo.
Viaje a Escocia: día 4
Castillo de Urquart con el lago Ness de fondo.
Después, volvimos de nuevo a Inverness, donde nos dieron a elegir entre volver al hotel (que estaba un tanto apartado) o disfrutar de una pequeña visita por la ciudad y después volver por nuestra cuenta. Elegí, por supuesto, quedarme. Nos hablaron de las múltiples iglesias de distintas religiones, del castillo que no es exactamente un castillo... y, ya cuando acabábamos, nos encontramos con dos grupos de gaiteros que estaban haciendo una exhibición por su ciudad y como compitiendo entre sí, moviéndose por distintos puntos antes de encontrarse. Fue espectacular.
Viaje a Escocia: día 4
Castillo de Inverness y grupos de gaiteros
Volvimos al hotel dando un paseo, a tiempo para la cena (incluida en el precio), en la que, a petición popular, estrené mi falda de tartán (me hicieron darme un paseo por toda la sala para que todos la vieran, qué vergüenza...). Luego subí a mi habitación para preparar la maleta y dormir todo lo posible, porque al día siguiente salíamos para Skye... pero eso os lo narraré en la próxima entrada.
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sábado, 16 de julio de 2016

Crónica de mi maravilloso viaje a Escocia: días 1 y 2

 Muchos me lo estábais pidiendo, y además me apetece contarlo así que, ¡allá vamos con la narración del viaje! Pero antes, os pongo en antecedentes:
  1. Siempre tuve tres viajes soñados: Roma, Escocia y Japón. El viaje a Roma ya lo hice el pasado diciembre (hice una larga crónica, como la que vendrá a continuación, que podéis leer aquí), así que solo me falta Japón. Aunque a Roma y a Escocia volveré... varias veces.
  2. Viajo sola (una experiencia que os recomiendo) y me gusta contratar tours con buenos hoteles y seguros de viaje. La combinación de todo eso (odiosos suplementos por ir sola, que los tours salen caros...) hace que me haya gastado más de dos sueldos en este viaje y que me plantara en Escocia con 80 libras para 8 días (por suerte la libra se depreció a lo bestia dos días antes de cambiar), con solo desayunos y tres cenas incluidos en el paquete que ya había pagado. Aun así me sobró, pero ya entraré en detalles sobre eso. La cuestión es la dualidad "me gasto un riñón en el viaje y luego tengo que hacer uso del ingenio para comer y comprar cuatro chuminadas".
Dicho esto, empiezo con la narración. Contraté el viaje con Politours, pero luego descubrí que Politours tenía contratada a su vez a Viajar por Escocia para hacer el tour. Son geniales y luego descubrí que podría haber contratado con ellos directamente y el avión aparte, lo que me habría ahorrado la pesadilla de los enlaces en Londres, ya que existen vuelos directos Madrid-Edimburgo, pero los encantadores señores de Politours (nótese la ironía) no te permitían coger otra opción de vuelo que no fuera la que imponían: haciendo escala en Londres. Dado que el tiempo de escala era de menos de una hora, un retraso de media hora hizo que, al tener que pasar por aduanas en Londres otra vez (lo cual es absurdo), perdiéramos el vuelo de enlace y tuviéramos que esperar dos horas al siguiente (y éramos como veintitantos afectados, no es como si hubiera perdido el vuelo una sola persona). Esto fue un drama para mí, porque la idea era aterrizar a eso de las tres e ir directa al Museo Nacional de Escocia, que cierra a las cinco. Cuando aterrizó el vuelo siguiente, el museo de mis anhelos llevaba cerrado un cuarto de hora. Además, en British Airways solo nos dieron 5 libras para comer en el aeropuerto, los muy ratas, lo que me obligó a tirar del bocata que llevaba para la cena (y aquí es cuando os recuerdo que estaba en modo ahorro: llevaba varios bocatas hechos para ese día y el siguiente).
El recibimiento en el aeropuerto sí que fue bien: en Viajar por Escocia tienen gente muy maja. Fuimos al hotel Travelondge Edimburgh Central (que está, efectivamente, en pleno centro) y me di una vueltecita por la maravillosa ciudad de Edimburgo antes de las 9, momento en el que empezó... ¡la ruta de los fantasmas! Seguro que os apetece saber más sobre la ruta, pero antes os narraré mis impresiones de ese primer paseo por Edimburgo.
Edimburgo día 1
Adam Smith, cruz del mercado y catedral (izq) y casas típicas
Es una ciudad preciosa, con casas de cuento y muchos callejones estrechos, muy buen ambiente, gaiteros por la calle y semáforos para peatones que tardan un horror y te dan cinco segundos para cruzar. También es una ciudad muy pequeña y en las pocas horas que tenía prácticamente me recorrí todo el centro: desde mi hotel hasta el castillo y todas las callecitas de alrededor. Iba buscando un supermercado (recordemos el modo ahorro) y un sitio donde comprar un adaptador porque (¡sorpresa!) tienen enchufes de tres ranuras y no de dos. No encontré ni lo uno ni lo otro (sí que me topé con infinidad de pubs con fachadas espectaculares y de tiendas de preciosos tartanes), pero tampoco me importó mucho porque todavía tenía bocatas de reserva.
Edimburgo día 1
Algunas de las preciosas casas y pubs de Edimburgo
Por supuesto, llovía. Y, cuando fue a empezar la ruta de los fantasmas, se puso a diluviar, así que nos dieron la opción de no subir a Carlton Hill, que era un ascenso empinado y resbaladizo. Yo hubiera subido, pero la mayoría habló. Pero bueno, la lluvia ayudó a darle ambientación al asunto ^^. La ruta, con proyecciones visuales incluidas, se compuso de varias paradas en puntos calientes de actividad paranormal (en Edimburgo hay muchos, incluso tienen una carrera universitaria relacionada), como algunos close (los callejones que mencionaba antes) donde se encerraba (literalmente) todas las noches a la gente que no podía pagar una casa, en la zona donde se juzgaba a las brujas y estaba el lago que se creía una puerta al infierno (tiene su explicación científica: toda la inmundicia y no pocos cadáveres iban a parar ahí), un cementerio... Por supuesto, nos contaron un montón de historias interesantes y me lo pasé genial.
Edimburgo día 1
Cementerio, edificio del ayuntamiento.
Cuando acabó el tour, aunque ya eran las 11 de la noche y estaba nubladísimo, todavía había luz. Es lo que tiene Escocia en verano, que apenas hay un par de horas de noche cerrada. En cualquier caso, nos dejaron justo frente al hotel y decidí reservar fuerzas para el día siguiente.
El desayuno estuvo bien (y el descanso también) y a las 9 me dirigí a la puerta del hotel para empezar la visita panorámica a pie del Edimburgo histórico. Vimos, entre muchas otras cosas, la cruz del mercado, los juzgados (aún operativos), Victoria Street (con sus tiendas de colores), otro cementerio (mucho más bonito que el de la noche anterior y en el que la gente paseaba como si fuera un parque) y muchos lugares emblemáticos relacionados con Harry Potter (hay que ver la de cosas de Edimburgo que tomó esa mujer para la historia), incluido The elephant house, donde se escribió, entre muchos otros puntos interesantes.
Edimburgo día 2
Juzgados, Victoria Street, cementerio y The elephant house.
Luego, por supuesto, tocó una maravillosa visita al castillo de Edimburgo, en cuya explanada había una monstruosidad de estadio de gradas azules para celebrar un festival. Que no digo que no lo pongan, pero por lo menos ¡podrían buscar algo más discreto! Lo gracioso era que, como la reina de Inglaterra estaba de visita por esos lares, estaban los guardias ingleses a la puerta. Así que, entre las gradas y los guardias con sus paseítos marciales, la entrada no tenía desperdicio.
Tanto el castillo por dentro como sus vistas me encantaron. Nos dieron un mini-tour por el mismo y luego nos dejaron total libertad. La entrada incluía todo, pero yo tenía que priorizar si quería visitar el Museo Nacional de Escocia (¿he dicho ya que cierra a las 5?), ya que ya era la hora de comer. Así pues, renuncié a ver las joyas de la corona (había mucha cola) y me di un paseo rápido por las celdas de los prisioneros (interesante), la capilla y el decepcionante Museo de la Guerra (mucho uniforme y equipación, muy pocas armas), tras lo cual salí disparada al otro museo, bastante alejado, para tener tiempo de visitarlo antes de que cerrara.
Edimburgo día 2
Varias fotos del castillo, su interior y sus vistas.
Ciertos museos en Escocia son otro mundo: tienen un poco de todo, sin ningún tipo de orden, y son más interactivos y menos silenciosos de lo que tenemos por costumbre aquí. Me encanta. Del Museo Nacional de Escocia elegí la parte que me parecía más interesante: la de la historia de Escocia. Es en varias plantas, y solo pude visitar una, que me pareció de lo más completa. Ojalá hubiera podido dedicarle más tiempo antes de que cerraran.
Luego encontré por fin una tienda donde vendían adaptadores y un supermercado donde compré materia prima para los bocatas de la semana y caldo instantáneo (en todos los hoteles tienen una tetera, y después de un largo y frío día lluvioso nada mejor que un caldo calentito para entrar en calor). Eran las 5:30 y pensé que me daba tiempo a visitar una tienda de segunda mano que me había recomendado la guía para comprarme una falta de tartán. Error. Cuando llegué, un cuarto de hora después, estaba cerrada. En Escocia todo cierra pronto.
Acabadas las compras del día, dejé la bolsa en el hotel y me fui a ver el palacio de la reina. No tardé mucho en llegar, así que decidí subir a Carlton Hill, donde conocí a unos españoles tan preocupados como yo por la posibilidad de que pudieran cerrar el parque (no lo cierran). Las vistas son espectaculares, pero era muy temprano para volver al hotel, de modo que volví al castillo (en la otra punta) paseando por Princess street (tiendas), crucé los jardines y, ya sí que sí, me dirigí al hotel a tomarme mi caldito y reponer fuerzas para el día 3... que os contaré en otra entrada.
Edimburgo día 2
Palacio (sup izq), Monumento Nacional (inf izq), vistas desde Carlton Hill (sup der) y Castillo desde Princess Gardens.
Para resumir (por desgracia no pasamos más tiempo en Edimburgo, pero volveré) es una ciudad que me ha encantado.
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martes, 12 de julio de 2016

#ubérrimo #palabrasolvidadas

Un nuevo relato con una palabra olvidada, en este caso le tocó a ubérrimo/a:  Definición: Muy abundante y fértil.


Ubérrimas cosechas
uberrimo
Palabra diseñada por @rodrigo.
A Jack siempre se le dio bien predecir el tiempo, pero también se le daba fatal convencer a sus vecinos de sus predicciones. Así pues, cuando, en una semana soleada y calurosa, él decía que iba a llover, los demás se reían y ninguno seguía su ejemplo de proteger sus campos del mal tiempo. Igualmente, cuando Jack predecía una temporada más calurosa de lo habitual, nadie más que él plantaba secano, ni perdían parte de sus tierras de cultivo para sembrar plantas repelentes de bichos cuando el joven anticipaba una plaga. El resultado era obvio: Jack siempre tenía una ubérrima cosecha, y los demás debían contentarse con producir lo suficiente para vivir. 
Esto despertó las envidias de muchos, que, olvidando las advertencias que siempre les hacía ese extraño joven, se convencieron de que había hecho un pacto con el diablo y desearon echarle de la zona y quedarse con sus campos. Por supuesto, Jack también había previsto esto y, el día antes de que fueran a por él, hizo sus preparativos. Los vecinos se hicieron con sus campos, pero estos, en vez de producir una ubérrima cosecha, generaron una terrible plaga que se extendió a las tierras de los alrededores. 
Tres años después, los habitantes que no habían muerto de hambre habían huído de esa maldita región, dejándola prácticamente desierta. Fue entonces cuando Jack regresó a sus campos y volvió a darles la vida. Poco a poco, la gente fue volviendo a las tierras de sus ancestros, pero ya habían aprendido la lección y nadie se atrevió a meterse con el misterioso jóven. Algunos, incluso, siguieron sus consejos y lograron ubérrimas cosechas, para envidia de sus vecinos.
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Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
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sábado, 9 de julio de 2016

Tres monitos (reto story cubes)

¡Hola a todos! De nuevo lancé los story cubes, sin complicarme mucho la vida porque hoy (el día que programo la entrada, o sea, 3 de julio) tengo que hacer la maleta (¡mañana me voy a Escocia! lo que quiere decir que, cuando se publique esta entrada, ¡llevaré una semana en Escocia!). Ahí va el vídeo y el resultado, ¿qué tal?

 

Tres monitos
resultado story cubes
La cadena montañosa de Cinco Picos era un lugar lejano y peligroso, tanto que casi nadie se atrevía a aventurarse en ella a pesar de que los frutos de la vida, que solo crecían en lo más apartado de esas montañas, eran muy valorados entre las clases privilegiadas.
Alice nunca se hubiera atrevido tampoco a entrar de no ser por la enfermedad de su esposo, que requería un caro tratamiento que no podría permitirse pagar. Así pues, decidió arriesgarse a tan peligroso viaje, porque este era la única manera de conseguir a tiempo el dinero para salvarle. 
Se internó en las montañas rezando para que no le ocurriera ningún imprevisto y, quién sabe si por un milagro o simplemente porque las panteras, tigres y demás animales peligrosos del lugar habían sido aniquilados por las partidas de caza de los nobles ociosos, Alice llegó sin contratiempos hasta el lugar donde crecían los preciados frutos, un lugar plagado de preciosos y divertidos monitos que se acercaron a ella repletos de curiosidad.
La joven observó preocupada la alta pared vertical, sin apenas hendiduras para trepar, por la que debía subir para alcanzar los frutos, que se encontraban en un saliente muchos metros por encima de la altura de los árboles. Por suerte, había llegado preparada con material de escalada y, tras muchas horas de angustiosa subida palmo a palmo, llegó hasta ellos. Solo había cinco, suficientes para pagar el tratamiento de su marido y saldar algunas deudas acuciantes, así que los arrancó con cuidado y los guardó en una bolsa de cuero antes de proceder al descenso, que fue aún más penoso porque ya se encontraba al límite de sus fuerzas.
Cuando por fin llegó abajo, suspiró de alivio y se tiró al suelo, agotada. Tanto, que no se dio cuenta de cómo los monitos, que se reunían al pie de la pared con la esperanza de que cayera alguno de los preciados frutos, se acercaban con sigilo hasta su tesoro. Alice dio un respingo cuando tiraron de la bolsa y se la arrancaron del cinturón, pero sus agotados músculos no reaccionaron con suficiente rapidez y no logró alcanzar a los monitos, que rápidamente se subieron a los árboles para disfrutar de su manjar. La joven, impotente, también subió a uno de los árboles, pero solo logró recuperar un mordisqueado fruto: los otros ya estaban en los estómagos de los animales.
Frustrada, agarró a uno de los monos con la intención de clavarle su cuchillo como venganza por el hurto, pero su cara simpática y sus ojos inocentes la detuvieron. «No, no puedo hacerlo. Es tan... adorable. ¡Tan adorable!», pensó, con una maravillosa idea rondándole la cabeza.
Alice preparó una enorme jaula de barrotes estrechos y puso el fruto que le quedaba en el interior. Tres monitos, por supuesto, corrieron a por su premio y quedaron encerrados con él. Ignorando sus chillidos de protesta, Alice agarró la jaula y volvió a internarse en la selva de la cadena montañosa para volver a la civilización.
Los graciosos monitos fueron un éxito entre las damas nobles, que prácticamente se pelearon por ser una de las tres afortunadas propietarias de uno. Tanto batallaron por los animales que las pujas se volvieron tan altas que resultaban absurdas, hasta el punto en que a Alice, después de pagar el tratamiento de su marido y todas las deudas pendientes, todavía le sobró una inmensa bolsa llena de oro con la que vivirían despreocupados el resto de su vida.
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sábado, 2 de julio de 2016

Incontinente (vcmr + random)

palabra aleatoria
o_O Mi cara cuando salió
Os acordaréis que en el último Vuestras consignas, mi relato recibí un comentario (gracias, Fannyra Parra) dándome dos palabras más (exterminio y leones) cuando ya estaba escrito el relato. Así pues, decidí añadir una nueva con un generador de palabras aleatorio (salió la palabra "pis" y, sorprendentemente, pegaba con lo que tenía pensado para las otras dos), de modo que, con las tres, he hecho este relatito. 

 Incontinente
El viejo se escondió en lo alto, sobre una de las vigas: estaba tan delgado que, si no se movía, los romanos nunca podrían verle. No tenía ningún interés de convertirse en un mártir ni en someterse con tranquilidad al exterminio de cristianos a manos de los leones del circo, así que, en cuanto se dio cuenta de que los soldados venían a por ellos, abandonó al resto de su gran familia a su suerte y buscó refugio hasta que todo pasara. 
Por desgracia para él, después de capturar a su descendencia, los romanos decidieron hacer noche allí mismo y uno de ellos colocó su jergón justo bajo su viga. De haber sido un mozo, no hubiera habido problema alguno, pero llevaba años sin controlar bien su vejiga y tantas horas ahí le estaban pasando factura. Aguantó las ganas de hacer pis todo lo que pudo, pero finalmente no pudo reprimirlas y regó la boca del soldado sin poder evitarlo. 
A la mañana siguiente, los romanos partieron con sus prisioneros hacia el circo, dejando atrás el cadáver de un viejo al que habían dado una terrible paliza.
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