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lunes, 29 de septiembre de 2014

¡La 3ª edición de Atrapada en otra dimensión ya está a la venta!

portada
Podéis comprarlo aquí:
Ficha Técnica:
Título: Atrapada en otra dimensión
Autora: Déborah F. Muñoz
Editorial: Amazon
ISBN: 978-1500922030
Género: fantasy, juvenil, aventuras
Páginas: 176
Formato y encuadernación: 5,5" x 8,5", rústica
Sinopsis:
Recapitulemos: en los últimos dos meses he coqueteado con dos vampiros, me he visto teletransportada a un planeta invisible cercano a la Tierra donde la magia es el pan de cada día, me he hecho amiga de una maga y de dos bodweanos que sólo piensan en sexo. He aprendido a usar runas, he formado parte de una caravana de comerciantes, he conocido una auténtica taberna mágina, he visto un hada, me han enseñado a usar las cuchillas dobles y he estado a punto de morir.
Por si fuera poco, he descubierto que soy una especie de druida y me he enfrentado a un elfo manipulador con su misma moneda. Creo que merezco un descanso...  

Aquí podéis ver el libro de prueba:


Y aquí el booktrailer actualizado:

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domingo, 21 de septiembre de 2014

El propósito

Este relato es de 2012, lo hice para el certamen Musas de la noche. Creo recordar que iba a haber una antología, pero no sé qué pasó con ella ni si se llegó a hacer, así que comparto mi texto aquí ^^.

 El propósito
Cuando le preguntaron cuáles eran sus propósitos de año nuevo, ella dijo simplemente que dejar de buscar el amor. Todas sus amigas se rieron de ella y, cuando vieron que iba en serio, la miraron con caras raras. Claro, todas ellas tenían pareja, no tenían que soportar desastrosas citas, ni relaciones cortas y malas con tíos que parecían muy buenos hasta que te llevaban a la cama, ni las miradas de superioridad de los conocidos con pareja, ni que los familiares se compadecieran de ellas y las obligaran a asistir a auténticas citas a ciegas encubiertas, haciéndolas parecer unas desesperadas delante de todo el mundo. No, ellas habían tenido suerte y Carla estaba ya hasta las narices, así que siguió adelante en su empeño a pesar de lo que le dijeron para convencerla de lo contrario. Después de todo, si no buscaba el amor, no se llevaría un chasco tras otro por no encontrarlo.
Pocos días después, estaba tomando algo sola mientras jugueteaba con su móvil cuando un tío guapísimo, de esos que le daban ganas de arrastrarlos a un rincón y hacerles de todo, se acercó a ella. Nada más verle se tambaleó su decisión de dejar de buscar el amor y empezó a fantasear con que él era El Hombre, pero negó con la cabeza para sí y reprimió esas fantasías rápidamente.
─Hola ─dijo él, con una voz sexy y resonante.
─Hola ─respondió ella, fingiendo indiferencia mientras se preguntaba si ese culito era tan magnífico al tacto como parecía desde lejos.
─¿Puedo hablar contigo? ─preguntó el bombón. Ella le miró extrañada.
─¿Nos conocemos?
─No, verás, te sonará extraño, pero no puedes renunciar a encontrar el amor ─dijo el tipo, vacilante.
─¿Perdón?
─Cada vez que alguien renuncia a encontrar el amor, uno de los nuestros enferma y acaba perdiendo su poder hasta hacerse completamente mortal y morir ─explicó él.
─Uno de los vuestros... ─repitió Carla, pellizcándose disimuladamente en la pierna para comprobar que no estaba soñando ese absurdo.
─Sí, somos algo así como los espíritus casamenteros, ¿sabes?
─¿Te han contratado Gema y Ariadna? ─preguntó ella. El bombón la miró interrogante─. Mira, tío, déjalo estar. Les diré que caí en la trampa, así que te pagarán igual por tu numerito.
─No, de verdad que no, hablo en serio. Es importante que me escuches, la vida de alguien está en juego. No puedes dejar de buscar, te lo suplico.
─Mira, esto no tiene gracia.
─Pero es cierto...
─Pues si es cierto, ¡que se joda! Si hubiera hecho bien su trabajo y no me hubiera arrejuntado con esa panda de gilipollas, yo no habría dejado de buscar ─finalizó ella, recogiendo todo y marchándose apresuradamente. El tipo la siguió corriendo hasta su casa, intentando que entrara en razón─: ¡Déjame en paz! ¡Llamaré a la policía!
─La policía no puede verme, ya te he dicho que yo soy un espíritu casamentero y...
Carla le cerró la puerta del portal en las narices y se metió en su apartamento, algo aliviada por haberse librado de él.
─Oye, eso ha sido muy grosero, ¿sabes? ─dijo una voz a su espalda. Carla cogió el paraguas que tenía en el perchero de al lado de la puerta y avanzó hacia él gritando:
─¡Fuera de mi casa, psicópata!
Cuando él se acercó, le atizó con su arma improvisada y cayó al suelo por el impulso al atravesar el cuerpo de su oponente sin resistencia alguna.
─Ya te he dicho que no soy de carne y hueso, ¿te has hecho daño? ─preguntó solícito. Ella se alejó de él según se acercaba─. No voy a hacerte daño, sólo quiero que recapacites. Te juro que te tendremos en nuestra lista de prioridades, incluso me ofrezco a acompañarte, pero tu media naranja no está entre la gente que conoces ni entre la gente que conoce a los que conoces, así que tienes que salir ahí fuera a buscarle.
─¿Y dónde está? ─gruñó ella.
─Eso no lo podemos saber, sólo podemos proponerte a personas que parezcan compatibles.
─Sí, ya veo lo compatibles que son los tipos que habéis hecho que se crucen en mi camino, ¡pedazo de inútiles!
─Venga, Carla, no seas así, que nuestro trabajo no es nada fácil. ¿Tienes idea de cuántas personas hay en el mundo?
─Pues eso, son tantas que no merece la pena seguir buscando. El amor verdadero es estadísticamente imposible.
─Para eso tienes nuestra ayuda. Ya te he dicho que me ofrezco a acompañarte en tu búsqueda, pero no puedes renunciar de esta forma, ¡una vida está en juego!
─Está bien ─accedió ella por fin después de un buen rato debatiéndose entre creer esa chaladura o ir directamente al psiquiatra─. ¿Adónde vamos?
***
Pasaron un par de semanas saliendo casi cada día en busca de su alma gemela y, poco a poco, Carla pareció recuperar la ilusión a pesar de que no tuvo demasiado éxito. No obstante, la compañía constante de su espíritu casamentero, al que se había tomado la libertad de apodar Ángel, hizo que las aburridas salidas de soltera se convirtieran en algo agradable con su divertida y extraña forma de ver las cosas. Lo único que tenía que hacer para no parecer una chalada era fingir que hablaba con su móvil mientras hablaba con él, sin parecer por ello poco accesible. Cuando preguntó a su casamentero si a pesar de todo eso no sería un impedimento para que sus potenciales medias naranjas la abordaran, Ángel se limitó a encogerse de hombros y decir que si el tipo estaba realmente interesado se acercaría a ella igualmente.
Y así, poco a poco, Carla empezó a creer de nuevo en el amor y a dejar de buscarlo, esta vez porque se dio cuenta de que lo había encontrado en el lugar más inesperado. No obstante, se abstuvo de decírselo a Ángel y siguió como si nada hasta que un día cambió todo.
Los hombres, vestidos de traje, entraron en el bar y se dirigieron directamente hacia ellos. Carla, que les había mirado extrañada porque no era su ambiente, se empezó a preocupar seriamente cuando vio la palidez excesiva de Ángel, al que se dirigieron directamente.
─Ya sabes a qué hemos venido, ¿verdad? ─preguntó uno de ellos.
─Ángel, ¿qué ocurre? ─inquirió Carla, sabiendo que algo no iba bien pero sin comprender qué.
─Iré con vosotros. ¿Me permitís al menos hablar con ella antes a solas?
Los dos se miraron y finalmente asintieron y se alejaron unos metros.
─¿Qué pasa? ─volvió a preguntar ella, cada vez más preocupada.
─Lo siento, Carla, lo siento de veras. Sabía que tarde o temprano esto pasaría, pero ha merecido la pena.
─No entiendo...
─Yo no podía soportar verte con otro, te quería demasiado y arruiné todas tus posibilidades con los tipos que realmente podían ser tus parejas. Empecé a perder poder, por supuesto, pero en el fondo sabía que no encontrarías a tu alma gemela, porque era yo, así que cuando decidiste dejar de buscar y me di cuenta de que me separarían de ti y me asignarían a otra persona reuní lo poco que quedaba de mi poder y me hice visible, inventándomelo todo para que me permitieras estar a tu lado. Lo siento de veras, yo sólo quería saber qué se sentía. Necesitaba que supieras que existo y que...
─Se acabó el tiempo ─le interrumpieron los dos tipos. Ángel asintió derrotado.
─Lo siento, Carla ─dijo, antes de ir hacia ellos.
─¡Esperad! ¡No podéis llevároslo! Yo le quiero, él no ha hecho nada malo.
─No sabe lo que dice, señorita, es un perturbado y lamentamos lo que ha pasado. Por supuesto, usted no recordará nada de esto y nos encargaremos personalmente de arreglar el daño que este desalmado ha hecho sobre su vida sentimental.
─¡No! ¡Esperad! ─gritó, pero no sirvió de nada y de pronto se vio sola en el bar, bajo la estupefacta mirada de los otros clientes.
***
─No pienso olvidarme, panda de cretinos ─gritó al aire dos semanas después en cuanto se quedó sola en el parque. Tenía que hacer un auténtico esfuerzo cada mañana para recordar cada momento pasado con Ángel, ya que a pesar de despertar con todo borroso en su memoria, enmarañado como si hubiera sido un mero sueño, había logrado vencer diariamente a lo que quiera que hicieran en su mente.
Para colmo, desde ese día desastroso no había parado de toparse, allá donde iba, con hombres realmente maravillosos que, supuestamente, eran medias naranjas potenciales. Les daba largas a todos, por supuesto, pero no paraban de aparecer más y comenzaba a hartarse
─Ya sabéis a quién quiero, imbéciles. Si no le dejáis en paz y dejáis que vuelva conmigo, juro sobre la tumba de todos mis antepasados que moriré siendo una vieja solterona amargada y que pasaré el resto de mi vida haciendo de Grinch del amor. ¿Me habéis oído?
─¿De veras lo harías? ─preguntó una voz conocida a su espalda. Carla se volvió con una sonrisa de oreja a oreja y se encontró cara a cara con Ángel, que la miraba con adoración. Conteniendo el impulso de abrazarle, sabiendo que acabaría atravesándole y dando de bruces contra el suelo, se acercó a él y dijo:
─Por supuesto. ¿Has venido para quedarte realmente? ¿Han entrado en razón?
─Bueno, tus amenazas les han dejado en una posición un tanto delicada, y la situación es tan insólita que no sabían muy bien qué hacer, así que han decidido que lo mejor era devolverme a la Tierra ─respondió él, alzando su mano y acariciando su mejilla suavemente. Sorprendida, agarró su brazo y se dio cuenta de que era real, de carne y hueso.
─¿Cómo?
─Habría sido un poco raro que pasaras el resto de tu vida saliendo con un fantasma ¿no crees?
─¿Entonces... eres humano?
─Eso parece, al menos hasta que te hartes de mí. Nada nos asegura que seamos almas gemelas, sólo que somos muy compatibles. No obstante, si estás dispuesta a correr el ries...
─Por supuesto que lo estoy ─dijo ella, retirando la mano de sus labios para besarle.
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domingo, 14 de septiembre de 2014

¡Mi relato, seleccionado para la antología Pasión y lujuria!

Otro año más, El club de las escritoras lanzó un nuevo concurso para hacer una antología y, por supuesto, yo me apunté. Esta vez había que hacer un relato erótico y, como ya me siento algo más cómoda escribiendo esta clase de cosas, ¡decidí complicarlo todo mezclándolo con ciencia ficción! Y no digo más. De ahí salió Cero-Cero-Uno-Cero, un relato del que estoy muy orgullosa... ¡y que ha sido seleccionado para la antología!
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domingo, 7 de septiembre de 2014

Terral: orígenes: Encuentro

Sí, ya sé. Tengo abandonada a Terral. Pero tengo muchos relatos hechos, que conste. Es que no tengo tiempo para programar las entradas de este blog.
Para los que todavía no sepáis quién es este personaje, aquí tenéis enlaces a otros relatos y a su ficha:

 Encuentro
 
Terral se movía con soltura por los tejados de los barrios bajos mientras seguía a su sospechoso, que no tenía ni idea de lo que se le venía encima. Para ser una ciudad dominada por los sacerdotes del bien, tenía un número bastante alto de individuos despreciables. Terral, tras su primer soplo, que había conducido a la detención de un mago siniestro y la liberación de varios esclavos mentales, se había convertido en la intermediaria oficial del templo.
Por supuesto, ni siquiera su amigo Norval sabía la verdad: que ella no era la intermediaria, sino la fuente directa, capaz de detectar la magia oscura gracias a su naturaleza de semisúcubo y los largos años pasados entre miembros del culto de los demonios. Una vez instaurada esa mentira, no era complicado mantenerla, lo que facilitaba sus pequeñas incursiones en el submundo y sus desapariciones en los días en que la luna estaba en su punto álgido, en las que notaba revolverse a su parte maligna con cada vez más intensidad, por lo que prefería alejarse de la ciudad para evitar que sus potentes defensas detectaran algo anómalo.
Salvo por ese pequeño detalle, al que no paraba de buscar solución, todo iba bastante bien. Ya había cazado a varios criminales e incluso conseguía ingresos extra sin perjudicar con eso a su verdadero trabajo en la tienda de magia, lo que no impedía que su jefe gruñera por sus extraños horarios y sus idas y venidas.
Esa noche, estaba a punto de ser conducida a un lupanar donde se traficaba con opio y componentes mágicos prohibidos. No obstante, un movimiento furtivo en uno de los tejados cercanos le pareció sospechoso y decidió dejar su misión por el momento. Prefería prevenir que meterse en una trampa, de modo que dio un rodeo para comprobar que realmente la seguían y se dirigió al sitio ideal para cazar a quien quiera que intentara cazarla.
Como cualquier persona conocedora de los ardides del submundo, nada más comenzar a moverse por él había empezado a prepararse para cualquier circunstancias. Esa preparación incluía un par de guaridas, varios lugares donde tender trampas a posibles adversarios y muchos escondites para armas, cuerdas y material de ataque y defensa de todo tipo. Se dirigió a uno de esos últimos y recogió varios materiales para acercarse finalmente a un callejón sin salida donde lo preparó todo antes de esconderse entre las sombras.
Tal y como esperaba, su perseguidor apareció al cabo de pocos minutos y calló de lleno en la trampa, quedando enredado sin remedio en una maraña de hilo de pescar. Terral se acercó y con un rápido movimiento registró y desarmó al desdichado, que no paraba de revolverse sin lograr otra cosa que enredarse aún más. Luego cortó algunas de sus ataduras y se lo llevó a un lugar donde no les molestaran. Cuando finalmente estuvo segura de que nadie metería en sus asuntos, se dispuso a interrogar a su prisionero, sólo para darse cuenta de que ya le conocía.
—¿Cinco mil tres? —preguntó. Al reacción del hombre le confirmó sus sospechas. Se trataba de uno de sus antiguos esclavos, de los que más tiempo llevaban con ella. Dado que los sacerdotes del mal no tenían interés en aprenderse sus nombres los numeraban, y Terral nunca se había atrevido a preguntarles por su verdaderas identidades. Era poco probable que se los dieran voluntariamente, de todos modos, porque los nombres tenían poder—. Será mejor que expliques qué estás haciendo aquí y por qué me seguías —como única respuesta recibió una mirada impasible—. Podemos hacerlo por las buenas o por las malas.
—Ambos sabemos que, a no ser que las cosas hayan cambiado mucho las cosas, hacerlo por las malas no significa nada —gruñó él con resentimiento.
—Insolente —se enfadó Terral, sabiendo que tenía razón y que eso le daba ventaja—. ¿Acaso has huido y vienes a vengarte? No eres muy listo si vienes a por mí habiendo tantos otros que son culpables realmente. Bien sabes que arriesgué mucho por vosotros, especialmente por Cinco mil treinta y por ti —intentó comprender sus motivos en voz alta. Una reacción al oír el nombre de su compañera, que había pertenecido a otra sacerdotisa a manos de la cual había estado a punto de morir numerosas veces hasta que, haciendo caso a las súplicas de Cinco mil tres había fingido encapricharse de ella y se la había arrebatado, le dio la pista—. Han amenazado a Cinco mil treinta si no lo haces.
—Lo siento — él asintió—. La matarán si no he vuelto pasado mañana con tu cabeza o al menos localización.
—No lo sientas. No es como si tuvieras la más remota posibilidad de volver con cualquiera de las dos cosas —respondió ella, ofendida por su traición. No obstante, su expresión de dolor la ablandó—. Sin embargo, es posible que te ayude.
—No podrías, ni siquiera tú. Han traído dos docenas de sacerdotes y magos preparados para capturarte.
—¿Quién ha dicho que yo vaya a enfrentarme a ellos? Casualmente conozco a unos tipos que están dispuestos a cualquier cosa con tal de limpiar el país de clérigos y sacerdotes malvados.
***
El plan de Terral salió a la perfección. Condujo a Cinco mil tres ante Norval, tras explicarle que debía omitir toda alusión a su verdadera naturaleza y a la misión que le había llevado a la ciudad. Por suerte, él comprendió que cualquier referencia de ese tipo no sólo sería el final de la semisúcubo, sino que supondría el fracaso y un retraso inevitable en cualquier rescate que se pudiera plantear, por lo que fingió haber huido en busca de ayuda. Apenas un par de horas después un pequeño ejército se encaminó al campamento enemigo.
Terral se mantuvo en la retaguardia en todo momento y se las arregló para que evitaran al esclavo participar activamente en la lucha. De este modo no sólo protegía a la prisionera, si es que seguía viva, sino que no se confirmaría su presencia en la ciudad en caso de que alguien escapara.
No escapó nadie, sin embargo. Por la poca potencia de sus hechizos, Terral imaginó que eran posibles incorporaciones y que no tenían mucho poder más allá de su superioridad numérica, de modo que no le extrañó que, al ser derrotados, todos cayeron fulminados antes de que pudieran interrogarles.
Eso la alivió y le preocupó al mismo tiempo. Por un lado, eso suponía que su secreto estaba relativamente a salvo. Por otro, la querían viva (si no, no hubieran enviado a un simple esclavo a localizarla y se habrían limitado a filtrar la información para que los sacerdotes del bien hicieran el trabajo sucio) y no habían perdido la esperanza de recuperarla y utilizarla para cuales fueran sus siniestros planes. Eso significaba que lo volverían a intentar y que no se olvidarían fácilmente de ella, tal y como había esperado.
Estaba tan perdida en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta de que Cinco mil treinta estaba viva y se abrazaba con fuerza a su compañero justo ante sus narices.
—Me encanta cuando todo sale bien —dijo Norval sonriente—. ¿Por qué frunces el ceño de esa forma?
—¿No ha sobrevivido ninguno?
—No. Ni siquiera quien les lideraba.
—¿Y eso no te parece preocupante? Esa gente tiene un gran instinto de autoconservación. ¿Qué puede ser tan importante como para que sacrifiquen sus vidas de esa forma?
—¿A dónde quieres llegar?
—A que, sea lo que sea lo que tramaban, no lo han terminado. Y si es lo bastante importante para merecer ese sacrificio por mantener el secreto, volverán.
—Me encargaré de que aumenten el número de patrullas por la zona —Terral asintio y Norval dudó antes de continuar—. Sabes mucho para no haber tenido contacto directo con los cultos malignos —ella se tensó. Norval nunca había hecho preguntas directas sobre su pasado y anticipaba una que no podía responder sin una sonora mentira—. ¿Fuiste su prisionera?
—No habríamos sobrevivido a nuestra esclavitud sin ella —intervino Cinco mil tres ambiguamente, salvándola de contestar.
—Es un tema del que prefiero no hablar —Terral adoptó una pose distante—. Si no me necesitáis más, volveré a casa.
—Pero... ¡Espera! ¡Lo siento! —gritó el sacerdote inútilmente, porque ella ya se había perdido entre los árboles.
***
Días después, Terral se afanaba por eliminar del mostrador los resultados de la torpeza de uno de sus clientes. Aunque su jefe había estado presente, en ese momento se comportaba como si la culpa hubiera sido culpa suya y gruñía por lo bajo. La semisúcubo, que sabía que protestar era el deporte favorito del mago, le ignoraba y no hizo el menor amago de girarse cuando entraron nuevos clientes.
—Hola —la voz de la mujer la hizo volverse y buscar una vía de escape, pero estaba completamente expuesta, lo cual hizo que Cinco mil tres y Cinco mil treinta intercambiaran una mirada y una media sonrisa—. Sigues sintiéndote incómoda cuando alguien se te acerca con la obvia intención de darte las gracias, a pesar de que las circunstancias no son ni de lejos las mismas.
—Bueno, si lo sabéis no entiendo el porqué de vuestra insistencia —empezó a farfullar Terral sin dejar de limpiar—. Cada uno que siga su camino y en paz.
—En realidad, tenemos una excusa para venir aquí. Buscamos trabajo.
—¡Esto es lo último! ¿Es que se creen esos sacerdotes que pueden colocarme a todos sus refugiados? ¡Ésta todavía no ha cometido el error garrafal que la mandará a la calle!
—En realidad... no nos referíamos a usted. Sino a ella. Queremos desenmascarar a los criminales de esta ciudad ¿Podemos hablar de ello en un sitio más tranquilo?
—¡Desde luego que no! No acaba su jornada hasta dentro de una hora. Hasta entonces, ¡largo!
Una hora después, Terral se debatía entre salir y encontrarse con los dos ex esclavos o encerrarse en su habitación hasta que desistieran y decidieran marcharse. Kareilos eliminó su dilema obligándola a reunirse con ellos porque tener a dos personas a su puerta pasando frío le hacía quedar mal.
Malhumorada, les condujo a una taberna cercana en la que sabía que tendrían privacidad.
—Yo trabajo sola.
—Sólo porque tienes un secreto que no quieres que nadie descubra. Pero nosotros ya lo conocemos, así que no tienes de qué preocuparte.
—Sí, si pierdo dos tercios de mis beneficios por compartir un trabajo que bien puedo hacer sola.
—Si trabajamos juntos, trabajarás tres veces más rápido y no tendrás que preocuparte por los beneficios.
—Me parece que te sobrevaloras en exceso, Cinco mil tres. Y a ella también.
—Me parece que no. Ambos éramos excelentes guerreros antes de que nos capturaran. Y, por cierto, no nos hemos presentado formalmente todavía. Soy Adiadne. Y él es Vael.
—Ya. Sigue sin convencerme.
—Sólo tienes que ponernos a prueba. No tienes nada que perder, y sí mucho que ganar.
—El sueldo no será suficiente para nada.
—No nos tenemos que preocupar por eso.
Terral suspiró, dándose cuenta de que la pareja no iba a ceder.
—De acuerdo. El otro día, antes de que me interrumpieras, estaba siguiendo a un tipo... —les resumió brevemente sus sospechas y lo que esperaba de ellos. Por sus preguntas y sus sugerencias, se dio cuenta de que no mentían y que estaban capacitados para el trabajo. Ya no trabajaría sola. Aunque no estaba segura de que le agradara la idea.

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